Retornando…

Para compartir, un refrito.

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(Hecho real, sucedido hace varios años)

Un diagnóstico rápido y puntual no dejaba dudas. Debía ir a cirugía.
Una vez en el quirófano, me deslumbré con los aparatos con ruiditos, además de la música. Pues si, ¡¡había música!!

Concluida la cirugía, y tras haber despertado de la anestesia, advertí que el dolor perduraría un buen tiempo.  Pasados tres días de internación, me dieron de alta.

Regresar a casa significaba carecer de enfermeras solícitas a mis quejidos y atenciones especiales. Mi pregunta no se hizo esperar:
¿Doctor, que hago con este dolooor?
Inmediatamente después: pichicata.

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El Lama…

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Había terminado mi charla telefónica con una amiga, la que estuvo monologando sobre la perpetua catarata de situaciones sin resolución y los temores que anidan en su vida.  Nada nuevo bajo el sol.

Por mi costumbre de hablar con “manos libres”, Candorito había estado escuchando parte de la comunicación . Por ello, se acercó y mirándome con sus profundos ojos negros, muy tranquilo, me dijo:

“-En la vida, hay que aprender a superar los miedos.”

Tras lo cual se fue a su cuarto y continuó jugando.

No hay dudas: en la vida, pueden llegar a aparecer maestros sumamente jóvenes… Más

Atletas…

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Los Juegos Olímpicos son la mayor competencia deportiva desde hace siglos. Prolija y cronológicamente se realizan cada cuatro años, salvo algunas excepciones en el Siglo XX.

A mis cuatro años de edad, pude ver por TV como los atletas -a puro empeño- realizaban sus proezas descomunales para pasar a la historia. Eran los Juegos Olímpicos de México. Más

Arquitectura…

“Los Castillos”

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Hace varios años salimos de caminata con Candorito, por entonces él tenía 3 años, y nuestro recorrido hizo que pasáramos frente a la catedral.

Al ver la construcción dijo: ” -Má, ¿esto es un castillo?” – , le respondí que era “algo así”
No estaba su cabecita para mis explicaciones sobre el significado de algunas construcciones relacionadas con la religión católica. Tampoco era el momento para que expusiera mis puntos de vista poco ortodoxos sobre las creencias y algunos cultos religiosos.  De todas maneras, y a modo de paseo arquitectónico, entramos.

Ni bien ingresamos, observamos una réplica en mármol de La piedad que lo dejó algo consternado. La penumbra reinante -debido a la hora-, recordaba aquellas películas de Drácula de los años 40. Más

Cuidando el medioambiente…

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Como adulta responsable(?) debo llevar adelante la tarea de educar a Candorito: porque esa es la tarea de todo padre. Y porque los niños -todos lo sabemos- son las futuras generaciones de humanos -que esperemos sean- responsables, coherentes, sensibles, confiables… (¡¡¡ay midió!!!). Más

El profesor de música…

(Refrito)

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En épocas de estudiante de música, en mis inicios -hace siglos-, tuve la suerte de conocer a un maestro maravilloso, que con particular encanto, motivaba la búsqueda de la sensibilidad necesaria, poniéndonos a distancia de libros y teorías.

Recuerdo que en oportunidad de asistir a una de sus clases, fui testigo de una lección especial. Un alumno debía reconocer y diferenciar tonos mayores y menores, solo escuchándolos. Luego de varios intentos fallidos, el profesor lo observó y le dijo:
-Escuche m’ijito… ¡¡¡ESCUCHE Y SIENTA!!!

La nebulosa seguía instalada en el joven, mientras el profesor continuaba paseando sus dedos por las teclas de un piano solapado que le cantaba las respuestas.
Nuevamente, sin dejar de tocar le requirió:
-¡¡¡Digamé lo que siente!!!- mientras continuaban sonando acordes tristes. Más

Memoria selectiva…

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“- ¿Cómo no te vas a acordar?!!… El de ojos verdes, alto, que me hacía reír…  ¡¡Pero te tenés que acordar, estuvimos juntos como un mes!!!!”
Así venía mi amiga, insistente e intentando mi colaboración para sus recuerdos.

Juro que hice el mejor esfuerzo para que algo asomara en mi memoria, pero no podía ni saber de quien hablaba.
Es que ella había tenido varios afaires y yo, mala memoria para esos temas.

Continuó la charla describiéndome particularidades y detalles privados del hombre en cuestión ¡¡por más de veinte minutos!!, mientras me limitaba a guardar silencio.
Para lograr hurgar en mis recuerdos, le dedicó algunos elogios a mi cerebrito memorioso, adjuntando paralelamente el relato de situaciones para ilustrar  mejor y hacer luz en mi mente. Más

Premio Nobel de la Paz…

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Hace un rato Candorito,  se puso a organizar un “Mundial de Fútbol”.
El enano es un ferviente admirador de varios deportes y ni bien está cerca de una pelota no para. Pero hoy, cuando volvimos de la playa, se dispuso a organizar su “Mundialito”

Este gran evento sería diferente. En primer lugar colocó a los muñequitos -pequeños jugadores- en sus posiciones, listos para disputar sus contiendas deportivas. Para cuando estuvieron ubicados y antes de la pitada inicial, Candorito recordó que debía establecer cuáles serían los países que participarían. Más

Dentición…

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Mis vacaciones se iniciaron con un acontecimiento muy particular: el sábado al mediodía, mientras masticaba un rico bocado de un asadazo espectacular, una astilla de hueso de vaca de por medio y scrach… ¡¡se me quebró un premolar superior!!

Por suerte fue una pequeña parte de la pieza dental, sin dolor y sin afectar lo estético, ya que siendo fin de semana, la cosa se hubiera complicado mucho intentando hallar al dentista. Más

Los años pasan…

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Cada vez que cambio el calendario, se repite la misma situación, pues cada fin de  año es inevitable repetir la frase:¡¡Cómo pasa el tiempo!!

De todos modos y más allá del paso del tiempo,  las energías para seguir y la alegría de vivir siguen intactas en mí, como cuando era una niña.  Por eso hoy, recordaré un momento candoroso de mi infancia.

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Salutaciones…

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Para estas fechas, como por arte de esas cosas del calendario religioso -y en parte comercial, lamentablemente- se adopta la actitud: “Fiestas de Fin de año“.
Dicha actitud consiste  en -por ejemplo- saludar al desconocido más desconocido, con frases tales como:
“-Si no vuelvo a verlo, ¡¡FELICES FIESTAS”!!…” (?)

Tal vez, si nos detuviéramos a analizar lo que decimos, no solo en esta época sino durante todo el año, seguramente andaríamos más calladitos y valorando el silencio ambiente. Más

Historia con moraleja…

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Cuando era niña mi padre nos contó la siguiente anécdota.
En su juventud él tenía un amigo carnicero, al cual solía visitar por su negocio. Allí se tomaba unos mates y departía amistosamente con los clientes del lugar.
Por este comercio desfilaban los clientes apodados como: “la gorda de en frente del taller”; el “tarta”; “Doña Herminia”; la “SEÑORITA de la noche”… y varios más, quienes concurrían por allí en busca de alimento rico en hierro.

En una oportunidad al carnicero y a mi padre, les habría tocado ser testigos del siguiente episodio:
Una mañana llegó doña Herminia -mujer cuya actividad se limitaba al barrido de su vereda y el chusmerío-, y mientras ella compraba, entró otra clienta… Más

Niños obedientes, eran los de antes…

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Allá lejos y hace tiempo, mi madre vivía en una zona rural a cincuenta kilómetros de la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos.  Con no más de siete años de edad, ayudaba con las tareas domésticas y las de granja. Su madre  -rigurosa para el aseo- exigía que todo estuviera impecable y ordenado.

Así fue como una mañana recibió la directiva de juntar unos huevos en el gallinero -tarea que no le gustaba: las plumíferas ¡¡le picoteaban las rodillas!!-, y cumpliendo la tarea encomendada andaba, cuando  escuchó la sonora voz de su madre decretando: “…Y limpiá el gallinero, ¡¡hasta que los pollitos… BRILLEN!!!”
Con una madre exigente, no existen las dudas: debería dejar todo reluciente. Más

Convivencia…

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Hoy traigo el recuerdo de la época en la que vivía en una casa con un parque muy simpático, en el que habitaban unos sapos encantadores y de tamaños considerables, ¡¡bien grandotes!!

Nunca tuve en claro si  eran simpáticos por naturaleza  o en realidad mi cara les hizo pensar que seríamos parientes; la cuestión fue que ellos se manejaban con un desenfado y confianza en mi cercanía que llamaba la atención. Por lo pronto y viendo sus actitudes, decidí entablar una fraterna relación… Más

Carne…

Un refrito ¡¡aclamado por la popular!! (?)

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Por aquellos días, sabía que al mudarme de morada -entre otras cosas-, tendría que  acostumbrarme a los hábitos del nuevo barrio.
Dentro del amplio espectro de realidades que convivían en la zona -como en todo barrio-, estaban las vivencias con los comerciantes.

Recuerdo que al tercer día de instalada, me dirigí al mercado más cercano para adquirir algunos víveres.
Con mi tan frecuente candor -o sea: con mi mejor cara de nada-, compré lo necesario, pero al momento de retirarme escuché una voz masculina que decía:  -¡¡Adiósss vecina!!… ¿usté es nueva en el barrio, verdad?
Quien había hablado era el dueño del mercado y el carnicero afamado* de la zona.  Y tras un  Si como respuesta, me retiré a toda velocidad Más

La nueva…

¡¡El refrito de un éxito!! (?)

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Luego de arduos ensayos con la banda, todo estaba listo. Pues esa noche, daríamos nuestro primer recital remunerado (olalaaaá!!!).

Puntuales y con cara de pócker, ingresamos en aquel cabaret.
Si, así como suena: un cabaret de verdad. Esos lugares donde hay señoritas que danzan y animan la velada, con poca ropa y contorsiones varias.

El local contaba con escasa iluminación, excesivo olor a cigarrillo y una limpieza poco confiable. De todos modos me mantuve callada, era mi primera experiencia como músico en un lugar de estas características -de hecho conocía diversos escenarios-, pero este… superaba todas las expectativas de mi imaginación.
Sin lugar a dudas la noche iba directo para quedar en los anales de las anécdotas inolvidables.

El dueño se presentó y nos llevó hasta el camarín: habitáculo reducido y pretencioso en denominación, que hasta ese momento, había sido el espacio para que las “chicas” se cambiaran sus ropas. Más

Celos…

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De nada sirvió que le dijera que mi corazón le pertenecería eternamente. Inútiles resultaron todas las frases en las que mi amor se desgranaba, letra por letra, para recordarle mis caricias y cada uno de los abrazos infinitos e incondicionales.

Su mirada reprochaba, teñida de celos. Sus ojos destilaban  enojo cargados de un rencor nuevo. Su voz  no podía disimular esos celos que lo cubrían todo…
Poco pude hacer para demostrar que cada uno de mis actos lo contenían, pues -ya lo sabemos-,  los celos no dejan espacio para el razonamiento. Más

Haciendo historia…

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Luego de mi cirugía hubo que esperar los resultados de patología; era fundamental quitar todas las dudas sobre cualquier posibilidad de un tumor maligno.
Durante aquella semana infinita no pude pegar un ojo: los nervios, la ansiedad y la vida me tenían en vilo.

Cuando llegaron los resultados, el médico -un profesional eminente-, me sentó y me calmó: aquello que me habían extirpado no significaba condena alguna, pero era una clara advertencia hacia mi salud.
Me informó que a partir de ese momento debía someterme a chequeos anuales obligatorios, y que además existía otra posibilidad que podría entristecerme: no sería nada fácil -si así lo deseaba-, volver a quedar embarazada. Más

Candorosa experiencia…

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(Refrito publicado en febrero 2007)

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Desde hacía tiempo mi cocina venía siendo  invadida por una clase de mosca pequeñita, insufrible… una basurita realmente.  Para combatirla me limitaba a espantarlas o eliminarlas individualmente a la vieja usanza: palmeta, trapo o rollo de diario, pero viendo que no era suficiente y ya entrando en la impaciencia, modifiqué el rumbo de los hechos: compré un insecticida. El mismo prometía eliminación instantánea y mantener una barrera de protección casi por siglos ¡¡había encontrado  la eternidad sin moscas!!! (?) Más

El irreparable paso del tiempo…

Y sus consecuencias en mi mente…

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Cuando lo vi acercarse, no reparé en que su sonrisa sobrepasaba los límites permitidos para deambular por las calles, de todos modos lo que me resultó  verdaderamente extraño fue que su enorme y simpática expresión, se dirigía hacia mi persona.

Para cuando ya nos encontrábamos a una distancia mínima, me sonrió aún más y me dijo:   -¡¡¡Holaaaaa Alejandra!!!!… ¿cómo estás?, ¡¡¡¡tanto tiempooo!!!…

Evidentemente  conocía mi nombre, y me tenía aprecio… digo,  por su efusiva forma de saludar.

Mientras tanto yo intentaba que no se notara mi incomodidad.
Busqué desesperadamente en mi archivo mental: abrí todos los listados. Parientes, amigos, parientes de amigos, amigos de parientes, vecinos de parientes, parientes de vecinos, conocidos de conocidos de amigos o parientes… pero no, ¡¡no encontraba la ficha que identificara a este amable desconocido!!! Más

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