Soflama…

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Está bien, lo acepto: el mundo no es como yo supongo, y ni siquiera parecido a lo que me gustaría, pero ¿acaso debo abdicar a mi fortaleza espiritual, la misma que me lleva hacia la no aceptación de todo lo que me parece superfluo, eh? ¿Eh, eehhhh?

¿Acaso por ser mujer, debo aceptar sin chistar que unos vivillos me quieran vender unos ungüentos para embadurnarme la jeta, solo por qué se supone que tengo que creer que así debe ser?

Por estos días, las campañas de captación de incautas, ¡¡están que arden!! y eso, me indigna. Más