La motivación…

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Mi viejo era futbolero, de esos que miran el partido, se fuman un par de cigarrillos y guardan un silencio que analiza, que medita.
Limitado en el exabrupto. No importaba si la actuación calamitosa de un árbitro ciego instigaba a un asesino serial o el jugador estrella se mandaba un moco demoledor. El insultaba, pero hacia adentro.(?)
Seguramente sus maldiciones eran más efectivas de ese modo. Más