Primera impresión…

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Teorías…

Una amiga tenía una teoría que enunciaba:
“Cuando vayas por primera vez a la casa de un hombre que te interesa, fijate en el baño para ver cuántos cepillos de dientes hay, si hay más de uno, ¡¡huí!!

No era del todo desacertada, pues a varias amigas nos fue de utilidad, pero el inconveniente se presentaba cuando al invertir la situación, pensaba:  ¿cuál habría sido la reacción si algún caballero revisaba mis cepillos de dientes?

Pues por una cuestión de cariño(?), puedo llegar a tener más de seis cepillos de dientes -¡¡yo solita, eh!!- prolijamente apostados en mi baño…

Por suerte nunca me tocó un hombre sensible a esta teoría… Más

Atletas…

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Los Juegos Olímpicos son la mayor competencia deportiva desde hace siglos. Prolija y cronológicamente se realizan cada cuatro años, salvo algunas excepciones en el Siglo XX.

A mis cuatro años de edad, pude ver por TV como los atletas -a puro empeño- realizaban sus proezas descomunales para pasar a la historia. Eran los Juegos Olímpicos de México. Más

Clasificados…

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Con Candorito pasamos  frente al comercio. En una de sus vidrieras el cartel anunciaba: “SE VENDE FONDO DE COMERCIO“, y parado en la puerta de entrada, un hombre de rostro serio. Con esa tonalidad(?) con la que el mal humor suele teñir la cara de las personas.

Nuestra caminata siguió su rumbo, siempre en silencio, hasta que Candorito reflexionó:

-“¡¡Y si!!… venden EL FONDO del comercio, porque a la parte de adelante, con el hombre con cara de cul* parado ahí, ¡¡no la van a poder vender!!

Si, la de comediante, es otra de las facetas de Candorito… Más

Desde la curiosidad…

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Thomas Alva Edison

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En el verano de 1855, Thomas Alva Edison, de ocho años, fue expulsado de la escuela primaria por “soñar despierto”. Su maestra lo tildó de “estéril e improductivo”: a sus problemas de sordera parcial se sumaba que estaba siempre en las nubes.  Nancy, su madre, se ocupó entonces de la educación del joven Thomas, quien aprovechaba sus ratos libres para leer libros, revistas científicas y realizar experimentos.

Los más de mil inventos que patentó durante sus ochenta y cinco años –entre ellos, la lámpara de filamento incandescente y el fonógrafo– transformaron la vida de millones de personas. El desarrollo de su curiosidad infantil fue clave para la sociedad moderna. Más

Arquitectura…

“Los Castillos”

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Hace varios años salimos de caminata con Candorito, por entonces él tenía 3 años, y nuestro recorrido hizo que pasáramos frente a la catedral.

Al ver la construcción dijo: ” -Má, ¿esto es un castillo?” – , le respondí que era “algo así”
No estaba su cabecita para mis explicaciones sobre el significado de algunas construcciones relacionadas con la religión católica. Tampoco era el momento para que expusiera mis puntos de vista poco ortodoxos sobre las creencias y algunos cultos religiosos.  De todas maneras, y a modo de paseo arquitectónico, entramos.

Ni bien ingresamos, observamos una réplica en mármol de La piedad que lo dejó algo consternado. La penumbra reinante -debido a la hora-, recordaba aquellas películas de Drácula de los años 40. Más

Soflama…

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Está bien, lo acepto: el mundo no es como yo supongo, y ni siquiera parecido a lo que me gustaría, pero ¿acaso debo abdicar a mi fortaleza espiritual, la misma que me lleva hacia la no aceptación de todo lo que me parece superfluo, eh? ¿Eh, eehhhh?

¿Acaso por ser mujer, debo aceptar sin chistar que unos vivillos me quieran vender unos ungüentos para embadurnarme la jeta, solo por qué se supone que tengo que creer que así debe ser?

Por estos días, las campañas de captación de incautas, ¡¡están que arden!! y eso, me indigna. Más

Patas cortas…

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Nuestras abuelas decían: la mentira tiene patas cortas. Por no eso de no poder llegar muy lejos.

Siempre hemos generando en nuestra conciencia o en nuestro criterio personal determinados mecanismos respecto a la mentira, principalmente, para evitar ser timados en nuestra confianza.

En diversos ámbitos de la vida -laborales, comerciales, de estudios y vida amorosa, entre otros-, solemos manejarnos con cautela. La mentira abunda.

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La motivación…

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Mi viejo era futbolero, de esos que miran el partido, se fuman un par de cigarrillos y guardan un silencio que analiza, que medita.
Limitado en el exabrupto. No importaba si la actuación calamitosa de un árbitro ciego instigaba a un asesino serial o el jugador estrella se mandaba un moco demoledor. El insultaba, pero hacia adentro.(?)
Seguramente sus maldiciones eran más efectivas de ese modo. Más