Haciendo historia…

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Luego de mi cirugía hubo que esperar los resultados de patología; era fundamental quitar todas las dudas sobre cualquier posibilidad de un tumor maligno.
Durante aquella semana infinita no pude pegar un ojo: los nervios, la ansiedad y la vida me tenían en vilo.

Cuando llegaron los resultados, el médico -un profesional eminente-, me sentó y me calmó: aquello que me habían extirpado no significaba condena alguna, pero era una clara advertencia hacia mi salud.
Me informó que a partir de ese momento debía someterme a chequeos anuales obligatorios, y que además existía otra posibilidad que podría entristecerme: no sería nada fácil -si así lo deseaba-, volver a quedar embarazada. Más