En tus manos

… soy otra.

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Una ducha rápida, no podía dejar pasar más tiempo.
Me vestí sin demasiadas pretensiones; sabía que mi prendas al estar con vos, serían un detalle pasajero.
Subí al taxi ansiosa rumbo a lo esperado.

Al llegar abriste la puerta sonriente; debía regresar; pocas palabras, sabíamos lo que sucedería.
Inmediatamente me ayudaste a desvestir, de la manera que solo los hombres como vos conocen.
Luego la luz rojiza, la que me sumerge en lo más profundo; la que ilumina mis sensaciones con su brillo y su calor. Te tomaste el tiempo y el cuidado que estas situaciones requieren; tus manos en mi espalda fueron la caricia anhelada. Más