El alimento…

…del alma.

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(refrito)

El reloj no se inmutaba; la marcha del tiempo transcurría inapelable. El sol a través de la ventana -como era habitual- iluminaba lo cotidiano.
Por aquel entonces, las mañanas tomaban el color del cielo. En su alma prefería ampliar tenazmente los grises, las estridencias solían asustarla.

El espejo antiguo y fiel en su reflejo devolvía -desde hacía un par de generaciones- particularidades sin subjetividades. Ella, con empeño ciego y contradictorio, mantenía su silenciosa discordia con aquel vidrio mentiroso. Pensamientos de firme inseguridad la plantaban en discordias. Negaciones y obsesiones se dormían a la sombra de libros y apuntes escolares. Más