Solo para exigentes…

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Al principio no podía verlos, simplemente escuchaba sus comentarios. La conversación giraba en torno de apreciaciones y consideraciones acerca de:
LA BELLEZA FEMENINA.
Estratégicamente cambié mi ubicación y pude verlos en todo su esplendor. Mientras miraban por los ventanales, uno de ellos se rascaba su prominente abdomen. El otro, con un tic nervioso acomodaba continuamente sus gafas. Su diálogo era el perfecto exponente de la decadencia masculina en su máxima expresión. Devenidos en jueces, bajaban el pulgar según sus exquisitos criterios de belleza. Más