Al trabajo ¡con alegría!…

“¿Por qué no te callas?”

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El tiempo apremiaba: era tarde. Las opciones para llegar a horario, pocas. Corrí unos metros y le hice seña. Luego de subir al vehículo, miré el reloj mientras saludaba: mi apuro era notorio. Allí empezó la tortura.
Su reloj comandaba mi mañana con malvado antojo. Acto seguido, otro calvario: su charla. En ese mismo instante utilizé mi arma para mantener “distancia”:
¡¡el mp3 va conmigo a todas partes!! Símbolo claro y evidente de un rotundo: ¡¡¡no te escucho, lero lerooo!!! Debería llevar un cartel en mi frente que anuncie: cuando voy apurada al trabajo, ¡¡NO HABLO!! Más