La esencia…

… historia de un viejo triste.

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No podía encontrar consuelo en la soledad. Había gastado sus pantuflas en recorrer los pasillos de la vieja casona. Su descanso nocturno se iniciaba luego de dialogar largo rato con la foto que tenía sobre su mesa de luz. Sus hijos lejanos en distancia y realidades ya no se acordaban mucho del viejo triste.

Cada mañana, preparaba el café y lo servía en dos tazas. Leía algún diario viejo y lo comentaba en voz alta; luego de algún silencio asentía con su cabeza como si un diálogo inaudible lo acompañara.
Ya no había visitas por la casa. Nada acontecía en su cotidiano deambular entre aquellas paredes. Todo se reiteraba minuto tras minuto desde que ella había muerto, dos años atrás. La tristeza lo cubría todo, con un color firme sin matices ni intentos de cambios.
Una vida entera junto a su esposa había sido su realidad, su motor y su guía.

Todas las tardes destapaba un antiguo frasco de perfume, lo hacía solo para recordar la adorable esencia; un fantasma de fragancia. Por unos breves instantes revivía de lo agónico, gracias a esta ceremonia secreta.
Las imágenes del pasado se amontonaban junto a su dolor por la ausencia. Cada detalle que arrastraba su nostalgia, lo embriagaba y lo mataba lentamente.
Sabía que para él todo estaba cumplido. Ahora, hasta los amigos habían partido, y nada guardaba una razón para alentarlo a seguir. Lo enojaban las nubes en su memoria, que iban cubriéndolo todo; la mirada dulce, las manos suaves, las sonrisas frescas de esa boca mágica que supo besar…

Una mañana se levantó más cansado que de costumbre. No hizo el café y los diarios viejos quedaron en su lugar. En una mano traía la botella de perfume, su amuleto. Con una calma oscura abrió el botiquín del baño. De una caja pequeña extrajo todas las cápsulas que había. Con paciencia y prolijidad las fue vaciando dentro del frasco. Finalizada la tarea regresó a su habitación.
Recostado sobre su cama fue aquietando la respiración, mientras la penumbra resaltaba el brillo de sus mejillas mojadas. Como apurando el desenlace, bebió toda la preparación y en pocos minutos fue sintiendo con placidez como se acercaba al deseado reencuentro…

Los vecinos tardaron en enterarse de tan lamentable noticia. Hacía tiempo que nadie hablaba con él…
No pudo encontrar quien escuchara sus penas y lamentos.
La vejez en soledad, duele – dicen que comentó alguna vez…

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Tracy Chapman & BB King – “The Thrill Has Gone”

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7 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Jorge
    Sep 27, 2007 @ 14:15:49

    triste y dulce, como muchas despedidas

    besos

  2. perfectadesconocida
    Sep 28, 2007 @ 12:50:37

    Tristeza, tan cotidiana como cierta de dejar a los ancianos en el olvido.
    Saludos!

  3. alejandra
    Sep 28, 2007 @ 22:22:28

    JORGE: usted lo ha dicho, viene de tristeza este post, si.
    Y dulce, como toda historia de amor… triste.
    Besotes.

    PERFECTADESCONOCIDA: muy cierto lo suyo también. Además muchos ancianos mueren por el olvido hacia ellos, y muchos otros mueren por no estar junto a quienes compartieron toda su vida…
    Saludos.

  4. Fish
    Sep 29, 2007 @ 14:07:01

    El relato es muy lindo desde la forma, querida Cando, pero yo tengo una cosa personal – que es como si me pasaran una lija a contrapelo – con el suicidio. Siendo, como soy, enemigo de la muerte y creido de que nadie morirá jamás, encuentro que quien la llama antes de tiempo no puede tener razones ni justificación.
    Entiendo la soledad y la tristeza, pero el camino de la autodestrucción es absoluto y el más fácil, es la renuncia suprema, el completo desinterés por todo… y tiene, para mi, olor a miseria.
    Disculpe, pero esto no es una sombra, son la espada y el escudo que me salen cuando anda cerca la que te jedi.

  5. elanonimosoy
    Sep 29, 2007 @ 23:11:37

    crudo, pero casi te diría, cotidiano.

  6. Jorge
    Sep 30, 2007 @ 01:18:41

    le agregaré una imágen análoga a lo que escribe, madamme. Siendo cronista de canal 8 (allá por el 94) me tocó cubrir un “policial”. Era un pobre viejo desquiciado, que convivió tres meses con el cadáver de su esposa en la cama. Le llevaba el desayuno y le hablaba, sin aceptar lo sucedido. Era de mis primeras coberturas y me impactó mucho la escena.

  7. alejandra
    Sep 30, 2007 @ 01:54:10

    FISH: no es fácil aceptar el suicidio, pero quise enfocar el relato desde la tristeza de un viejo (por haber visto varios ya sin ganas de vivir por años y pesares) pierden todo deseo de vida, sin tener justificaciones para seguir.
    El suicidio es algo que no comparto, pero que es una realidad, no tengo dudas.
    La parca a algunos viejos, los invita de este modo.
    Saludos

    ELANONIMOSOY: muchos de nuestros viejos se dejan morir de pena, de abandono y por no saber como llevar la existencia luego de años de soledad…
    Saludos y bienvenido.

    JORGE: pucha, que experiencia aterradora y a la vez tan triste!!!
    Y si así iniciaba sus coberturas… debe de haber sido bastante fuerte la experiencia.
    Gracias por la historia.
    Besos.

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