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Nos encontramos, ella estaba meláncolica, apagada. Hacía mucho que no hablábamos. No la ví bien, se lo comenté y me respondió:
– Vos sabés como soy – , era apasionada. Vivía buscando algo que le diera sentido a su vida.
– Te conozco – agregué, mirando la vereda de aquel bar. Llovía con fuerza y la gente corría escapando del agua. Más