Libres como el viento…

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Conjurando los días en los que la energía escasea, los recuerdos pueden viajar a la infancia, allí estarán vivas seguramente las imágenes de lo que se ha vivido y disfrutado. Cada uno atesora momentos de la niñez en los que ha sido feliz; desde algún aroma exquisito hasta el sonido de risas plenas. Nada de aquello debe perder su importancia ni lo debe hacer, es necesario conservarlo para evitar caer en apatías, esas que muchos adultos ventilamos frecuentemente. La niñez debería ser un estado eterno de nuestro espíritu, de esta manera nos dejaríamos sorprender a cada paso, descubriendo todo aquello que perdemos de vista, poder contemplar sin prisas nuestra realidad, permitiéndonos ser francos hasta con nuestras emociones… Más