Hay cosas que no tienen precio…

… y para todas las demás, se necesita menos guita.

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La posibilidad que tanto había soñado, había llegado. Tras un par de trámites y mails, ya estaba allí; venir desde tan lejos por un trabajo, lo emocionaba.
Arribó para la entrevista en la editorial y una vez anunciado al jefe de redacción,  esperó junto a los ventanales; fué desde allí que la vió. La necesidad de magia para su vida, el cansancio o locura, le hicieron pensar que sería ella. Estaba sentada en el café de enfrente. Cabello largo, negro, con manos  inquietas. Hipnotizado con sus gestos, con su boca no quería perderse ningún detalle.  Se juró que al terminar la entrevista cruzaría para estar con ella, si aún seguía alli. Más